ACTIVATORY: La carrera del software humano contra el tiempo en el mundo de la IA
¿Qué le pasa a una persona cuando la máquina genera la siguiente posibilidad más rápido de lo que podemos decidir qué hacer con ella?
Ha aparecido un nuevo tipo de velocidad en el mundo de la IA.
Una pregunta puede responderse en segundos. Una idea puede convertirse en varias variaciones en instantes. Una imagen, un texto, un análisis, un plan o una posible solución pueden surgir casi al instante.
La máquina es capaz de producir lo siguiente con rapidez.
Pero el ser humano todavía tiene que hacer algo con lo que se ha creado.
Y aquí es donde empieza un problema interesante.
¿Qué le ocurre al funcionamiento humano cuando el entorno cambia más rápido de lo que nuestros propios patrones de funcionamiento pueden adaptarse a él?
El «software» humano
Usemos aquí la palabra «software» como metáfora.
No hablamos de un programa informático, sino de todo lo que una persona aprende a lo largo de los años:
experiencias pasadas,
respuestas aprendidas,
reacciones automáticas,
hábitos,
expectativas,
predicciones,
rutinas de decisión,
y las reglas internas con las que a menudo funcionamos sin tener que replantearnos, cada vez, qué deberíamos hacer.
Este «software» es extremadamente útil.
No querríamos volver a aprender cada mañana a caminar, hablar, conducir, abrir una puerta o reaccionar en una situación conocida.
Nuestra experiencia pasada acorta el camino hacia el funcionamiento.
El funcionamiento construido a partir del pasado hace más rápido el presente.
Pero hay un problema.
El presente no siempre es como el pasado.
Mientras la situación es conocida, el viejo funcionamiento funciona
En una situación conocida, la experiencia pasada suele ser una ventaja.
Sabes qué hacer.
Sabes qué esperar.
Sabes cómo reaccionar.
El funcionamiento que corresponde a la situación se vuelve accesible casi automáticamente.
Pero ¿qué ocurre cuando algo cambia?
El plan no funciona.
La otra persona reacciona de otra manera.
Un problema aparece con una forma nueva.
Una solución que antes funcionaba ya no produce el mismo resultado.
O simplemente te encuentras en una situación en la que nunca has estado.
En esos casos, no es necesariamente información lo que falta.
Puede que el viejo funcionamiento ya no encaje con la nueva situación.
Y esto se está convirtiendo en una pregunta cada vez más interesante en la era de la IA.
La IA no solo hace el mundo más rápido
La IA no es simplemente una herramienta nueva.
También cambia la rapidez con la que podemos crear posibilidades.
Antes, producir una sola versión de una idea podía llevar mucho tiempo.
Hoy se pueden crear diez en unos minutos.
Analizar un problema puede ofrecer varios enfoques posibles en segundos en lugar de horas.
Ante una decisión creativa, no necesariamente nos enfrentamos a una sola opción, sino a decenas.
Generar posibilidades se está volviendo más barato y más rápido.
Pero eso no necesariamente hace más fácil elegir.
Al contrario.
Puede que ocurra exactamente lo opuesto.
La siguiente posibilidad ya no falta
En la era de la IA, podemos llegar fácilmente a una situación extraña.
Nuestro problema ya no será:
«No sé qué se podría hacer.»
Sino más bien:
«Es posible demasiado. ¿Con cuál hago algo ahora?»
La IA puede ser capaz de generar alternativas.
Pero le corresponde al ser humano decidir cuál de ellas se vuelve relevante en una situación dada.
Y aún más importante:
el ser humano tiene que poner en movimiento lo que ha elegido.
Por eso una pregunta importante para el futuro no será simplemente con qué rapidez podemos acceder a la información.
Será también con qué rapidez podemos adaptarnos a lo que esa información cambia en nosotros y a nuestro alrededor.
La investigación reciente sobre la relación humano-IA apunta cada vez más en esta dirección: en lugar de examinar simplemente cómo la IA puede «ayudar» a las personas, estudia cómo las capacidades distintas de humanos e IA pueden convertirse en una verdadera complementariedad en situaciones dinámicas.
La IA responde. El ser humano tiene que ir más allá.
Supón que le preguntas a la IA:
«¿Qué debería hacer?»
Obtienes cinco respuestas.
Preguntas:
«¿Cuál es mejor?»
Obtienes una comparación.
Preguntas:
«Dame diez opciones más.»
Obtienes diez.
El sistema puede seguir generando nuevas posibilidades continuamente.
Pero hay un punto en el que la pantalla ya no puede avanzar en tu lugar.
Tienes que hacer algo.
Tienes que enviarlo.
Tienes que dibujarlo.
Tienes que cambiarlo.
Tienes que lanzarlo.
Tienes que probarlo.
Tienes que decidir.
Y en ese momento, volvemos al funcionamiento humano.
El movimiento cambia la situación
En el momento en que haces algo, ya no estás en el mismo lugar.
Esto parece muy simple.
Y sin embargo es fundamental.
Escribes una frase.
Ahora hay una frase.
Trazas una línea.
Ahora hay una línea.
Envías una oferta.
Ahora hay una situación que espera respuesta.
Das un paso.
Ahora estás en una situación distinta.
La acción no se limita a ejecutar algo. Cambia el entorno en el que se toma la siguiente decisión.
Por eso el siguiente movimiento nunca parte exactamente de la misma situación.
Y aquí está el problema del software humano
Nuestros patrones de funcionamiento pasados son rápidos.
Pero son rápidos precisamente porque provienen de situaciones pasadas.
Una situación nueva, sin embargo, no necesariamente encaja con ellos.
En esos casos, el sistema tiene que crear otra cosa.
No necesariamente una personalidad completamente nueva.
No una nueva filosofía de vida.
No un nuevo conjunto de reglas.
Solo un siguiente movimiento que funcione.
Esto puede ser sorprendentemente difícil.
Porque a menudo una persona no teme sobre todo a lo desconocido, sino a no poder garantizar de antemano el resultado del siguiente paso.
El problema de la respuesta perfecta
En el mundo de la IA, es fácil pensar que si obtenemos suficiente información, podremos encontrar la respuesta perfecta.
Pero las situaciones reales no son estáticas.
En el momento en que eliges, algo cambia.
En el momento en que actúas, aparece nueva información.
En el momento en que aparece nueva información, se abren nuevas posibilidades.
Por eso el «siguiente paso perfecto» a menudo solo parece perfecto hasta que ha ocurrido.
Después de eso, ya estás en una situación nueva.
El siguiente movimiento no puede separarse por completo del anterior.
La línea no sabe de antemano adónde llegará
Toma un lápiz.
La línea empieza.
No sabe de antemano adónde llegará.
No conoce todo su recorrido.
Y sin embargo, cada centímetro que recorre cambia adónde puede ir después.
La primera línea crea la situación para la segunda línea.
La segunda cambia la situación de la tercera.
La tercera ya lleva la huella de las dos anteriores.
Movimiento → huella → nuevo estado → siguiente movimiento.
La línea no es capaz de continuar porque conozca de antemano la imagen completa.
Es capaz de continuar porque puede seguir funcionando a partir de lo que ya se ha creado.
Esta puede ser una de las preguntas humanas de la era de la IA
La IA es cada vez mejor generando posibles siguientes pasos.
Esto es una ventaja enorme.
Pero otra capacidad puede volverse cada vez más importante:
distinguir una posibilidad de una posibilidad accesible.
Porque no toda posibilidad se convierte en una posibilidad que realmente funcione.
No toda buena idea encaja en el momento dado.
No toda respuesta es utilizable en el estado dado.
Y no toda posibilidad generada se convierte en acción.
Por eso una pregunta real de la colaboración humano-IA no es simplemente:
«¿Qué puede hacer la IA?»
Sino más bien:
«¿Qué puede hacer el ser humano con lo que la IA crea?»
La pregunta de Activatory
Activatory no piensa en oposición a la IA.
Tampoco afirma que el ser humano deba ser más lento o «más humano».
Examina otro nivel.
¿Qué ocurre antes del siguiente movimiento?
¿En qué estado estás?
¿A qué puedes acceder desde ese estado?
¿Qué se vuelve posible?
¿Qué ocurre cuando el primer movimiento ya ha cambiado la situación?
¿Y cómo creas lo siguiente a partir de lo que ya ha ocurrido?
Este es uno de los problemas más interesantes del software humano.
No que siempre sepa la respuesta.
Sino que sea capaz de funcionar incluso cuando la situación ya no es la misma.
La carrera no es entre el ser humano y la IA
Quizá por eso sea engañoso preguntar:
«¿Quién será más rápido: el ser humano o la IA?»
La IA ya es asombrosamente rápida en ciertas tareas.
El ser humano, sin embargo, trabaja con otro tipo de problema.
Incertidumbre.
Novedad.
Cambio del entorno.
Experiencia corporal.
Contexto.
Intención.
Consecuencia.
La investigación reciente sugiere que la colaboración humano-IA no es automáticamente mejor que el trabajo de cualquiera de los dos por separado. La verdadera ventaja depende de cómo se reparten las tareas, de cuándo interviene la IA, de lo apropiada que sea la confianza del ser humano y de lo bien que ambas partes puedan adaptarse a la situación.
Esto significa que la pregunta para el futuro no es simplemente la velocidad.
Es la calidad del funcionamiento en un entorno de velocidad variable.
El siguiente movimiento
Quizá una de las capacidades humanas más importantes de la era de la IA no sea producir tantas respuestas como sea posible.
La IA seguirá haciendo eso cada vez más rápido.
Quizá lo que importe sea:
darse cuenta de cuándo la situación ha cambiado,
reconocer a qué puedes acceder desde aquí,
y
crear el siguiente movimiento que funcione.
No el perfecto.
No el definitivo.
El siguiente.
Porque cada movimiento cambia algo.
Y lo que viene después nace de esta nueva situación.
La línea no sabe de antemano adónde llegará.
Pero ya sabe dónde empieza.
ACTIVATORY
El siguiente movimiento empieza aquí.